LAS JOYAS DEL REINO DE ASTURIAS

LAS JOYAS DEL REINO DE ASTURIAS

 Cuando se celebran los 1.300 años del inicio del Reino de Asturias, quiero hacer un repaso a las bellas y fascinantes joyas que marcaron este gran momento de la historia de España.

De entre todos los tesoros de esa época, son tres las joyas que destacan singularmente: la cruz de la Victoria, la cruz de los Ángeles y la caja de las ágatas que se custodian en la Cámara Santa de la catedral de Oviedo, construída para tal fin por el rey asturiano Alfonso II el Casto.

La más antígua de estas joyas es la Cruz de Los Ángeles, llamada así porque su belleza sin igual dió orígen a una leyenda recogida en la obra del obispo Lucas de Tuy, que dice que deseando el rey Alfonso II el Casto donar una cruz de oro y piedras preciosas a la iglesia de San Salvador de Oviedo, encargó su factura a dos orfebres peregrinos que pasaron por la ciudad, a quienes dió el oro y piedras preciosas para trabajarla, así como una casa como taller. No estando el rey muy convencido de la valía de estos peregrinos, encargó a unos de sus guardias ir a comprobarlo y éstos, al llegar al taller donde trabajaban observaron un resplandor que les impidió ver su interior y corrieron a comunicárselo al rey que se acercó a la casa encontrándola vacía pero con una bella cruz de oro y piedras preciosas que brillaba con gran intensidad. Por ello se la representa con dos ángeles, uno a cada lado del pie.

                             

Es una cruz de estilo griego con sus cuatro brazos casi idénticos, en cada uno de los cuales hay una cajita de tapa corredera para albergar reliquias.

El anverso de la cruz se adorna con labores de filigrana y distintas piedras de color talladas en forma de cabujón, siendo algunas camafeos de época romana reutilizados representando a la diosa Atenea, otro una cabeza de cabra con cuerpo de serpiente, otro una joven campesina romana y otro a Eneas abandonando Troya. La piedra del disco central es un granate en talla cabujón.

                          

El reverso de la cruz cuenta con un camafeo romano de ágata en su disco central, rodeado por perlas y pedrería y en cada extremo de los brazos hay una gema rodeada por pequeñas piedras.

                                      

Asímismo, en los brazos se puede leer una inscripción en letras de oro que dice así: "Permanezca en honor de Dios ésto, realizado con complacencia. Alfonso, humilde siervo de Dios, lo ofrenda. Cualquiera que presumiere llevarme fuera de donde mi buena voluntad la dedicó, perezca espontáneamente con el rayo divino. Esta obra se concluyó en la era 846 (año 808). Con este signo es protegido el piadoso. Con este signo es vencido el enemigo".

La cruz de la Victoria es también una cruz relicario pero de estilo latino, en cuyo disco central existe un compartimento en el que antiguos escritos afirman que se guardó un fragmento del Lignum Crucis. Cuenta la leyenda que su alma no es otra que la cruz de roble que Pelayo, primer rey de Asturias y por tanto de España, enarboló en la batalla de Covadonga contra el Islam en el 718. El rey Alfonso III, el Magno,  mandó cubrirla de oro, esmaltes y piedras preciosas para donarla a la naciente catedral de Oviedo, en el 908.

  

Se trata de una pieza de gran tamaño, midiendo 920 mm. de alto por 720 mm. de ancho, siendo el diámetro de su disco central de 140 mm. Para recubrirla se utilizaron más de 5 kilos de oro, así como preciosos esmaltes y gemas de diferentes tallas y colores.

En el reverso hay engastadas piedras en forma de cabujón y los clavos que fijan la lámina de oro a la cruz de madera se ocultan con florecillas, esferitas y formas amigdaloides soldadas. Además, se puede leer la siguiente inscripción en letras de oro: "Permanezca esto coplacientemente en honor de Dios, que ofrecen los servidores de Cristo Alfonso príncipe y Jimena reina. Quienquiera que arrebatase este don nuestro perezca por el rayo divino. Esta obra se terminó y concedió a San Salvador ovetense. Este signo protege al piadoso. Este signo vence al enemigo. Y se fabricó en el castillo de Gauzón  el año 42 de nuestro reinado, transcurriendo la era 946 (año 908).

Por último la Caja de las Ágatas, donada a la catedral de Oviedo por el infante Fruela y su madre la reina Jimena, esposa del rey Alfonso III el Magno, en el año 910.

Es una caja de madera de cerezo recubierta de láminas de oro repujadas con motivos florales, excepto la base que es de plata maciza. Estas láminas de oro tienen aberturas rellenas de ágatas listadas, que son las que le dan nombre. Los laterales de la caja se dividen en dos niveles cuya decoración combina distintas gemas con cenefas repujadas.

             

La placa colocada horizontalmente sobre la tapa es más antigua que el resto, barajándose la posibilidad de que haya sido un cinturón franco del siglo VIII o  un broche relicario de estilo carolingio labrado entre el siglo VIII y el siglo IX. Esta placa aparecía adornada por 655 granates, 4 perlas, 12 esmaltes y 13 cabujones, habiéndose perdido parte de todo ello con el correr de los tiempos. Los esmaltes policromados que se aprecian representan dragones, árboles, pájaros, peces, cuadrúpedos y reptiles. 

En la base de plata del arca aparece grabado el Tetramorfos, los cuatro símbolos de los evangelistas, rodeando la Cruz de la Victoria y se puede leer la siguiente inscripción: "Permanezca esto complacientemente realizado en honor de Dios, que ofrecen los servidores de Cristo Fruela y Nunilo por sobrenombre Jimena. Esta obra se realizó y se concedió a San Salvador ovetense, quienquiera que pretendiera arrebatar este don nuestro perezca por el rayo divino. Se fabricó en la Era 948 (año 910).

                                    

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